Las tardes lluviosas son un clásico pretexto para escribir, también la soledad, el amor, el desamor y el último álbum de Nek que ya no se publica en español. Escribir es simple, lo difícil es escribir cosas inteligentes, pero digamos que en ese afán de compartirlo todo con todos (en 2016 somos ciudadanos del mundo) prefiero compartir lo que no se ve, lo que no brilla, lo que soy desde que escribía con lápiz en mano (¿15 años?).
Los últimos meses (años) he pensado que este es un gran momento para vivir, un poco por las facilidades tecnológicas, otro poco porque aún no se me considera de la tercera edad y porque me valgo por mi mismo. Es un gran momento, aún hay guerra (siempre la hay), pero ya no se nos exige el patriotismo. Me ocupo más por pensar y hacer que por dejarme llevar por los instintos (un 50%).
Supongo que todos los tiempos han tenido cosas buenas, como aquella época de oro, como aquella época del rock, o como la época del pop, o como cuando [inserte aquí su parte favorita de la vida], pero estos días son mejores, porque tenemos la oportunidad de ser lo que queramos, de estar donde queramos, incluso en casa. Tenemos mucha prisa, pero cada vez, con cada año, esa prisa se convierte en una marcha que se fija más en dónde pisa que lo rápido que llegue. A eso se le llama Estabilidad y Madurez, ¿Será? Lo único constante es el cambio, pero que a pesar de estar conformados de partículas diferentes cada segundo (¿Qué es el tiempo?) mantengamos la esencia, lo que seremos hasta que existamos por la eternidad.
Me gusta estar aquí y ahora, me gusta ver como se mueven las cosas, como cambia todo cada día, y que a pesar de estarnos extinguiendo en cada momento, a pesar de que venimos a existir en una vida potencialmente injusta, debemos generar momentos y guardarlos para los tiempos de escasez.
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