Hoy cumples 79 años.
La primera vez que me descubrí rezando porque no pasara el tiempo, porque todo se quedara como estaba, fue hace 15 años.
En ocho días cumplo 32.
Siempre he pensado que tenerme a tus 47 años, como hijo único, proveniente del deseo más grande que dos seres humanos pueden sentir juntos, no fue tarde, ni temprano, solo fue después de lo que yo hubiera querido, y quizás ustedes también. Pero todo en la vida pasa en el segundo exacto que tiene que pasar. Hoy tengo que estarte escribiendo, porque escribir aquí es siempre más fácil que mirarte a los ojos y decirte que te amo, así me educaste, a la antigua, me educaste como te educaron a ti, con la forma exacta para ser un hombre de bien, que asume sus errores y que no presume sus logros, pero que se levanta con las energías suficientes para mover el mundo con los brazos y las piernas, con lo que traigas puesto.
Nunca llegaré a ser como tú, Padre. Desde lo más profundo de lo que soy, estás, te veo, te siento, te quiero con el amor que es infinito, el verdadero. Sé que estás orgulloso de mi, del hijo que tienes, del hombre que formaste, de los errores que cometo, de las palabras equivocadas, de la forma en que crecí, siendo soñador cuando era niño, siendo irracional cuando más joven, siendo como acabamos siendo todos, humanos que no nos damos cuenta a tiempo de que cada día es un gran momento para estar vivos.
¿Qué te puedo escribir? Que te quedes conmigo para siempre, que me cuentes historias, que hablemos de nuestra tierra y de nuestros ancestros, que te encuentre leyendo una revista o el libro que te regalé hace tres años sobre películas mexicanas, que cada que me voy por tres días me sigas recibiendo como si me hubiera ido tres meses, que te tomes un tequila conmigo, una nieve. Que hablemos mucho, que siempre me pidas esa canción que no escuchas desde hace 50 años.
Tú naciste, padre, en la época correcta, yo en cambio nací un poco en la equivocada, porque aunque he disfrutado cada instante contigo, me hubiera gustado conocerte imperfecto, hubiera querido aprenderte a querer cuando la vida aún tenía cosas que enseñarte. Es trampa. Fui consciente de ti cuando me enseñaste a amar la cultura, cuando sin decírmelo me enseñaste que solo leyendo te vuelves mejor, que solo a través del trabajo fuerte, bajo el sol, no de la sombra, es que aprendes el sabor del agua.
Tú vida no ha sido fácil, no te avergüenzas en decir que de niño fuiste muy pobre, no hay vergüenza alguna en ello, pero que gracias a las cosas que sufriste es que hoy disfrutas todo. He querido llevarte a los mejores lugares, viajar contigo al último rincón de México, pero eso no se compara con escuchar la lluvia, en casa, cuando estamos juntos. ¿Necesitamos más?
Algún día me propuse exprimir todas las cosas que sabes, pero no tengo tanto cerebro, lo mejor de todo es que nos quedan años para que lo intente, y si de algo puedes estar seguro es que yo no me iré a ningún lado, no hay otro lugar donde quiera estar, porque la vida, porque dios, el dios que haya sido (tuvo que haber sido el más benevolente) me los regaló como Padres, ¿A dónde podría ir entonces?
La vida no me alcanzará, padre, todos los días de mi vida no me alcanzarán para decirte Gracias, porque todo lo bueno que soy es por ustedes.
Quiero celebrar la vida a tu lado, siempre.
Con respeto y amor,
Tu hijo.
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