Dicen los que saben, o los que creen saber, que no hay mejor trabajo que el primero.
Y más que ponerme a contradecir la frase, desearía que el autor de tan profunda oración hubiera detallado el significado de la palabra 'mejor' en ese contexto.
Hace doce días me cambié de trabajo, que aparte de representar para mí el primero, fue también parte muy importante durante cuatro años. Y hoy, a unos días de dirigirme todas las mañanas hacia el sentido contrario, me doy la oportunidad de reflexionar con la cabeza fría, con las ganas de darle al César lo que es del César y a los pobres, lo que es de Dios.
Hace unos días platicaba con un buen amigo mío, compañero de la carrera, compañero de trabajo y de aventuras, que afortunadamente después de mi salida, tomó el puesto que yo desempeñé por dos años y medio, y me dijo algo que me pareció curioso: "Tú te fuiste por cobarte y miedoso. No sabes lo que quieres.", y bueno, quien nos conozca sabe cómo nos llevamos, y de ninguna manera me lo tomé en serio, sin embargo eso me hizo recordar todos y cada uno de los días en que nos pusimos la camiseta, y le hicimos frente a cada reto, y cuántas cosas que por principio de cuentas parecian titánicas, les dimos solución, y sonrío de pronto, porque definitivamente nunca hubo miedo, ni jamás me sentí cobarde, sino que por cumplir dejamos incluso aquello que no debíamos dejar, a veces parte de la salud, a veces parte de la necesidad de estar con los seres amados, a veces incluso, solo largarse cuando todavía no se metía el sol a gastarse el salario.
Platicamos sobre la estabilidad laboral, sobre la edad y el tiempo que se va más rápido de lo que parece, sobre los proyectos futuros.
Le comenté que desde antes de que ese lugar comenzara a explotar, él sabía que yo ya quería irme por la simple curiosidad de retarme, de saber que no sólo hago bien una cosa, que en cada lugar se puede hacer magia.
Y en esos momentos en que comencé a querer cambiar de aires, también me detuve a preguntarme sobre la estabilidad laboral. Mi puesto era cómodo, si bien no el mejor pagado, al menos nunca sufrí por eso, pero aunque muchos no lo crean, no todo es dinero.
¿Es que debemos detenernos cuando creemos que ahí podemos estar años sin peligro de que nos despidan? Eso es no confiar en las capacidades propias.
¿Dónde queda el hambre y las ganas de arriesgarse para tratar de ganar? Demostramos ser un gran equipo, personas muy dedicadas, y lo saríamos en cualquier lugar, porque eso queremos.
¿Es que no seríamos capaces de encontrar un mejor trabajo, que nuestro primer trabajo? Yo estoy acostumbrado a quererme más, a confiar en mí, incluso dejandome un poco en las manos de lo incierto, aunque las cosas no pasan por casualidad (parafraseando al Maestro Jedi Qui-Gon Jinnde de Star Wars Episode I ahora que está de nuevo de moda).
Y decidí que antes de comenzar a hacer un mal trabajo, de convertirme en un burócrata más, de esos que tienen que limpiar los zapatos de su Dios (O Director General, como quieran llamarle) para no sentir que los despiden porque saben que están ahí por recomendación y nada de cabeza, o de esos que no saben decir 'NO', o antes de seguir dejando los días y las noches esperando que todo cambie cuando todo empeora, me iba de ahí para hacer trabajar al destino, para forzarme a despertar, y también para recuperar un poco de eso que dejé, mis noches tranquilas de lectura, de escritura, de programación, desvelarme para mí y por mí, no para intentar terminar tareas que nunca acabarían, incluso para salir de trabajar cuando aún se encuentran los negocios abiertos, cuando es buena hora para ir al cine, para llegar a casa y encontrar cenando a la familia, o simplemente rascarse el ombligo.
Incluso ahora creo que si tan solo en ese lugar se hubiera respetado la hora de salida (y la de entrada también), sin ocupar aparte noches y madrugadas, ahí estaríamos todavía, el equipo completo, porque repito, no todo es dinero.
Hace poco leí un artículo muy interesante, trataba sobre una estadística que se realizó a personas mayores, que de una u otra manera aunque suene algo cruel, ya solo esperaban pacientes el momento de partir, y les preguntaron: ¿De que te arrepientes en la vida? Las respuestas más recurrentes fueron:
“Ojalá no hubiera trabajado tanto.”
Y más que ponerme a contradecir la frase, desearía que el autor de tan profunda oración hubiera detallado el significado de la palabra 'mejor' en ese contexto.
Hace doce días me cambié de trabajo, que aparte de representar para mí el primero, fue también parte muy importante durante cuatro años. Y hoy, a unos días de dirigirme todas las mañanas hacia el sentido contrario, me doy la oportunidad de reflexionar con la cabeza fría, con las ganas de darle al César lo que es del César y a los pobres, lo que es de Dios.
Hace unos días platicaba con un buen amigo mío, compañero de la carrera, compañero de trabajo y de aventuras, que afortunadamente después de mi salida, tomó el puesto que yo desempeñé por dos años y medio, y me dijo algo que me pareció curioso: "Tú te fuiste por cobarte y miedoso. No sabes lo que quieres.", y bueno, quien nos conozca sabe cómo nos llevamos, y de ninguna manera me lo tomé en serio, sin embargo eso me hizo recordar todos y cada uno de los días en que nos pusimos la camiseta, y le hicimos frente a cada reto, y cuántas cosas que por principio de cuentas parecian titánicas, les dimos solución, y sonrío de pronto, porque definitivamente nunca hubo miedo, ni jamás me sentí cobarde, sino que por cumplir dejamos incluso aquello que no debíamos dejar, a veces parte de la salud, a veces parte de la necesidad de estar con los seres amados, a veces incluso, solo largarse cuando todavía no se metía el sol a gastarse el salario.
Platicamos sobre la estabilidad laboral, sobre la edad y el tiempo que se va más rápido de lo que parece, sobre los proyectos futuros.
Le comenté que desde antes de que ese lugar comenzara a explotar, él sabía que yo ya quería irme por la simple curiosidad de retarme, de saber que no sólo hago bien una cosa, que en cada lugar se puede hacer magia.
Y en esos momentos en que comencé a querer cambiar de aires, también me detuve a preguntarme sobre la estabilidad laboral. Mi puesto era cómodo, si bien no el mejor pagado, al menos nunca sufrí por eso, pero aunque muchos no lo crean, no todo es dinero.
¿Es que debemos detenernos cuando creemos que ahí podemos estar años sin peligro de que nos despidan? Eso es no confiar en las capacidades propias.
¿Dónde queda el hambre y las ganas de arriesgarse para tratar de ganar? Demostramos ser un gran equipo, personas muy dedicadas, y lo saríamos en cualquier lugar, porque eso queremos.
¿Es que no seríamos capaces de encontrar un mejor trabajo, que nuestro primer trabajo? Yo estoy acostumbrado a quererme más, a confiar en mí, incluso dejandome un poco en las manos de lo incierto, aunque las cosas no pasan por casualidad (parafraseando al Maestro Jedi Qui-Gon Jinnde de Star Wars Episode I ahora que está de nuevo de moda).
Y decidí que antes de comenzar a hacer un mal trabajo, de convertirme en un burócrata más, de esos que tienen que limpiar los zapatos de su Dios (O Director General, como quieran llamarle) para no sentir que los despiden porque saben que están ahí por recomendación y nada de cabeza, o de esos que no saben decir 'NO', o antes de seguir dejando los días y las noches esperando que todo cambie cuando todo empeora, me iba de ahí para hacer trabajar al destino, para forzarme a despertar, y también para recuperar un poco de eso que dejé, mis noches tranquilas de lectura, de escritura, de programación, desvelarme para mí y por mí, no para intentar terminar tareas que nunca acabarían, incluso para salir de trabajar cuando aún se encuentran los negocios abiertos, cuando es buena hora para ir al cine, para llegar a casa y encontrar cenando a la familia, o simplemente rascarse el ombligo.
Incluso ahora creo que si tan solo en ese lugar se hubiera respetado la hora de salida (y la de entrada también), sin ocupar aparte noches y madrugadas, ahí estaríamos todavía, el equipo completo, porque repito, no todo es dinero.
Hace poco leí un artículo muy interesante, trataba sobre una estadística que se realizó a personas mayores, que de una u otra manera aunque suene algo cruel, ya solo esperaban pacientes el momento de partir, y les preguntaron: ¿De que te arrepientes en la vida? Las respuestas más recurrentes fueron:
"Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que quería hacer
y no lo que los otros esperaban que hiciera."
“Ojalá no hubiera trabajado tanto.”
Y digo yo, ¿Por qué no aprender en cabeza ajena? Al final, tal vez sea cierto que no sé lo que quiero, pero algo si sé, sé lo que no quiero.
Y heme aquí, generando oportunidades, guiando de nuevo al destino, picando piedra :)
Y heme tranquilo, al menos por ahora.
Lo cierto es que, nunca debemos dejar de buscar.
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