Cada año se realiza en Toluca la Feria del Libro en el Centro Cultural Mexiquense, ésta fue la 9a edición del festival. En mi humilde opinión, asistir a este evento es una de las mejores cosas que se pueden hacer tanto en familia como acompañados por nuestra soledad, para mí es como una pequeña terapia en la que mi pensamiento y yo salimos a pasear.
El centro cultural es un lugar en donde se respira tranquilidad, así que sin duda es un excelente escenario para ir a caminar y observar libros, libros y más libros.
Como ya es costumbre, la exposición se ubicó enfrente de la Biblioteca Central, para mi gusto el espacio que ocupan debería ser más amplio, cuando la gente se junta dentro de la carpa se llega a sentir un poco de calor y eso disminuye la atención en el momento de quedarse a observar los titulos de las obras.
Cada año asisto con la esperanza de ver una mayor participación tanto de las editoriales como de las personas en general, sin embargo al parecer soy muy exigente, porque no termina de convencerme la magnitud del evento y salgo año con año un poco decepcionado, en esta ocasión me sucedió lo mismo. Haciendo memoria, hace aproximadamente 8 años, la feria se llevaba a cabo en la Casa de las Diligencias en la calle de Juárez esquina con Independencia y aunque no estoy seguro si era porque estaba mas chamaco, recuerdo más contenido de libros y de mejor calidad.
De cualquier manera hubo algunas cosas que salvaron la visita, una fue un stand de Cervantes Editores Toluqueños, donde se presentaban entre otras cosas fotografías de los años 20s y 30s, mi favorita fue una toma aérea del calvario y de la iglesia de Metepec. La segunda cosa que me gustó fue una presentación de teatro giñol, lo sé, aunque es para niños, divierte mucho a los jóvenes veteranos como yo. La tercera y última cosa fue un raspado llamado: "El Diablito", preparado con chamoy y salsa valentina, además de grosella y tamarindo, fue excelente para abrir mi apetito feroz que para sorpresa de pocos, concluyó con un ataque masivo a la señora vendedora de tlacoyos de requesón en el mercado de San Buenaventura. Nada mal para un domingo creo yo.
Mi conclusión es que fue una buena tarde en compañía de mi mismo, siempre es de mi total agrado regresar a lugares donde alguna vez viví o donde me traiga buenos recuerdos ¡Qué tiempos!
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